Wikileaks si, Wikileaks no, Wikileaks si, Wikileaks no, Wikileaks…..

Érase una vez dos familias y el señor Juan, el presidente de la escalera, que vivían en un mismo bloque de pisos. Hacía  años que compartían edificio, espacios comunes, y todo aquello que las paredes les permitían oír.

La señora Pérez tenía dos hijos adolescentes. Su marido trabajaba en un banco y desde hacía algunos meses hurtaba dinero a escondidas de la caja. La deuda iba aumentando y cada vez se sentía más angustiado por miedo a que le descubriesen. Un viernes, volviendo a casa, se encontró al señor Juan y se lo confesó todo.

Los Rodríguez criticaban  a la señora Pérez porque era una chismosa y la tenían todo el día en casa. El señor Rodriguez se desahogaba con el señor Juan, llegándole a confesar que pensaba en cambiarse de edificio con tal de no verla cada tarde sentada en su comedor.

El señor Juan guardaba mucha información y debía de saber cómo gestionarla. Pensó que la señora Pérez tenía que saber que su marido estaba haciendo un desfalco al banco, y por eso decidió explicárselo. También consideró de sentido común no decirle que al señor Rodriguez le entraba una úlcera cada vez que veía a su vecina sentada en su comedor.

Hace unos días leí en unos papeles de estado que había publicado wikileaks, qué opinaba el gobierno de EEUU de los diferentes mandatarios de cada país: Carmen Chacón, una joven inexperta (…). EL presidente de Perú, un egocéntrico bipolar (…)

La excelente labor social de wikileaks es innegable. Ahora bien, cuál es la información que hay que mostrar?

La relación entre las personas es muy similar a la relación entre los países. Hay secretos de estado, hay tensiones, hay acuerdos y desacuerdos, hay buena voluntad y hay intereses. Hay acercamientos y rompimientos. Hay antipatías naturales, así como sinergias y empatías.

La información ha de ser útil, productiva y ha de estar al servicio del valor de la Justicia.

Por ello, hay que ser cuidadoso con todo aquello que se publica, ya que poner en juego una relación bajo el afán del saber por saber, no siempre es lo más acertado.

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